ESPACIO PARA CONTAR, con alma de niño…

ESPACIO PARA CONTAR, con alma de niño…

JUAN PEDRO ROMERA.

 

“Nací en Lorca, Murcia, cuando aún asaban las manzanas en todas las ventanas. Después pasaron muchas cosas, tantas como a cualquiera que haya vivido tanto como yo…”

Leyendo estas palabras de Juan Pedro Romera, nuestro protagonista de “Dejando Huella”, me resulta muy fácil imaginarlo como un niño chico correteando por las calles de Lorca, tras el rico olor de las manzanas asadas…Ya han pasado algunos años desde entonces, aunque estoy segura de que ese niño chico sigue muy presente en él. Tal vez sea eso lo que hace de Juan Pedro, un ser tan conectado con la infancia, a la que se ha acercado de distintas maneras, como el juego, los títeres, el teatro, las fábulas, los cuentos… Tras haber dedicado gran parte de su vida profesional a alegrar y hacer más amable la vida de los más pequeños, actualmente enseña a los adultos a recordar que siguen siendo niños y niñas, mediante el lenguaje simbólico y las metáforas que nos proporcionan las historias y los cuentos.

Yo le conocí en una fantástica formación impartida por Jordi Amenós en el Instituto Aware, una formación en Narrativa Terapéutica, y pronto pude darme cuenta de que estaba ante una persona generosa y sensible de la que quiero y deseo aprender. Su trayectoria no me deja indiferente, tal vez por deformación profesional, el caso es que compartimos un profundo interés por la infancia, lo que hace que para mí sea un placer inaugurar esta sección con él, compartiendo un poco de lo mucho que hace…

Juan Pedro, cerca de 40 años comprometido con las artes escénicas dan para mucho y el teatro parece que te ha acompañado desde el inicio…

Sí, estudié Geografía e Historia en Murcia, con su licenciatura de rigor, también teatro de títeres en Barcelona. Más tarde, o quizás simultáneamente, aprendí con la práctica mucho teatro y fundé, junto a otros compañeros, varias compañías de teatro que me tuvieron entretenido una buena parte de mi vida. Un día, montado en el carro de estas actividades, me encontré delante de un hospital (la verdad es que dentro) para empezar un proyecto que ya lleva muchos años funcionando: Pupaclown, Payasos de Hospital. Junto a otros compañeros nos liamos la manta a la cabeza y, lo que iba a ser una actividad sin más trascendencia, se convirtió en un proyecto de vida que unos años más tarde dio lugar a la construcción de un teatro para niños y niñas totalmente adaptado a cualquier discapacidad, el Centro Escénico Pupaclown, que hasta le han dado este año 2017 el Premio Nacional de Teatro Infantil.

Bonito proyecto y una etapa intensa, cargada de actividades, emociones y aprendizajes que cerraste en 2015. De ahí te tomas un respiro en el desierto…

Un respiro por tanta asfixia. Una fuerte crisis de identidad (parece que eso es consustancial al ser humano y a distintas etapas de la vida, no iba yo a ser menos) me arroja al desierto unos meses para ver si entiendo qué está pasando. Vendo todo lo que tengo, hago testamento, me despido de mis seres queridos y me sumerjo en las arenas. No quería salir de allí sin saber qué hacer conmigo. El desierto me enseña mucho más de lo que esperaba, me quita las fantasías, me muestra la realidad de la naturaleza y su entramado tan sagrado y tan conectado con cada persona, me enseña que la vida tiene tantas dimensiones como personas somos y que la aceptación es el primer paso para conectar con uno mismo. Salgo indemne, no sé si curado, pero sí con la con la certeza de que no somos dueños de nada y que todo es entrega.

¡Qué gran aprendizaje! Me emocionan tus palabras…Del desierto regresas con las pilas cargadas e inicias un nuevo proyecto, ¿en qué consiste?

Sí, entonces empiezo la aventura de Espacio para Contar. Bajo este paraguas se cobijan cursos de Hablar en Público, el Arte de Contar Cuentos, Storytelling y todo lo relacionado con la comunicación. Las clases que años antes había impartido en la UCAM, o en las universidades de Murcia o Santander me ayudaron a tener la práctica suficiente para afrontar el bello arte de la pedagogía. Diferentes formaciones en psicología, estados expandidos, música para la conciencia, etc. me dotan de herramientas muy útiles para conseguir que el alumnado se involucre en el aprendizaje y que cada curso al que asistan sea especial. Estamos en la era Digitoral, así que mi colaboración en este pequeño mundo que me ha tocado vivir tiene que ver con el uso de la oralidad y de la impresionante fuerza de los cuentos maravillosos, los mitos y el relato de tu propia vida.

El apasionante mundo de los cuentos y los mitos como vehículo para contar tu historia y redimensionarla…

El proyecto actual Espacio para contar se compone de diferentes cursos de comunicación: Hablar en público y El arte de contar cuentos. Un apartado especial para escribir cuentos con valores (El agua de la vida, le llamo) y otro muy querido: Érase tu vez, donde los asistentes cuentan el cuento de su vida en clave simbólica, como un cuento de hadas. Esto ha dado origen a una editorial para publicar los cuentos que se van elaborando en los cursos. Un bonito tinglado, vamos.

¿Y cómo surge este proyecto?

Creo que una vida entera se compone de muchos proyectos pero todos tienen una misma base común. Por alguna misteriosa razón elegimos lo que queremos hacer, sin que a veces tenga mucha relación con lo que se espera de ti. Dice un proverbio sufí: “Si quieres ver reír a Dios cuéntale tus planes”.

Al cabo de los años veo que siempre he contado historias de una forma u otra y ahora parece que me toca enseñar a contarlas, al fin y al cabo es otra forma de contar. Cada proyecto en los que he participado ha tenido bastante de transgresor y eso me ha dado disgustos, claro está, pero si algo hay que destacar es que no puedes rendirte a lo que tiene que ser, sino a lo que quieres hacer, tus desdichas solo son tuyas, y siempre te enseñarán más de lo que puedas imaginar. Así que adelante con tu empeño.

¿Juan Pedro, de qué manera te enriqueces personalmente a través de él?

No cabe duda que el estar en relación con personas te enriquece de muchas formas, algunas inesperadas, ese es el mayor valor que tiene esta experiencia. Cuando doy una clase para un grupo de personas me preparo para vivir un acontecimiento, porque no hay rutina, porque cada grupo es diferente y marca el rumbo que ha de llevar la clase, ellos deciden, como cuando estaba en el hospital de payaso y eran los niños los que decidían cómo y cuándo jugar. Seguimos siendo niños con envoltorios de adultos. Estar en contacto con esta realidad me permite seguir indagando en el misterio de la esencia humana, pero no creo que consiga desentrañarlo antes de morir.

Eres un buscador…

Quiero pensar que todos los somos, que hay algo en nuestro interior que nos empuja más allá de lo que creemos saber. Hay un camino por recorrer y lo hacemos juntos, cada uno a su marcha, pero todos en el mismo barco, bajo las mismas velas. Al final creo que la búsqueda está en encontrarte a ti mismo, a ti misma y en eso proceso recibes la ayuda de tantas y tantas personas, de tantos y tantos sucesos que el Dramaturgo Cósmico ordena para que lo consigas. Depende de ti hacerlo antes o después. Tenemos esta vida para conseguirlo y merece la pena porque la recompensa es extraordinaria: vivir con conciencia. Creo que es lo más grande que le puede ocurrir a un ser humano.

Sí, y como dice nuestro querido Jordi Amenós , el proceso es individual pero el camino lo hacemos juntos y, a lo largo de él iremos descubriendo las ayudas sobrenaturales que nos permitirán este reencuentro personal tan esperado. La recompensa, como bien dices, vivir con conciencia…

¿Cómo crees que está impactando en tu pequeño universo, qué aportas a quienes te rodean?

La verdad es que no puedo valorar el alcance de lo que hago más allá de algún comentario al acabar una clase o algunos días después. Mi interés está en lo que hay delante, lo pasado ya no es cosa mía, doy cuanto sé y puedo dar y lo demás supongo que es cosa de la persona que lo recibe, lo que cada cual haga con eso solo corresponde a la persona en cuestión. Todos tenemos un proceso vital en el que estamos inmersos viajando a todo trapo y lo que recibimos por el camino solo nosotros sabremos el alcance que pueda tener, y la mayoría de las veces nos enteramos muchos años después. A la vida no le interesan nuestras preocupaciones, ni quejas, sino que consigamos llegar a donde tenemos que ir y eso es algo que ya teníamos decidido antes de caer por este lado.

Estoy de acuerdo contigo, la mayoría de las veces, es con el paso del tiempo que logramos comprender el alcance de los tesoros recibidos. A veces la mente racional parece ir por detrás del corazón…

Ahora me dedico a la comunicación, enseñar a contar cuentos y esas cosas, y les digo a mis alumnos que la única forma de hablar para otra persona es desde el corazón, ahí radica la verdadera comunicación. Y eso que parece fácil, es todo. Nacemos y comenzamos a construir nuestra máscara, nuestra personalidad, una dura coraza para resistir a los embates del dolor.

Y esa máscara nos separa y nos aleja de nuestro corazón, el lugar por excelencia del niño, de la niña…

Somos niños y niñas heridos y no queremos que nos vuelvan a hacer daño, pero entonces si quiero comunicar ¿cómo atravieso la armadura que me protege? ¿En realidad me protege? A mis alumnos les pido que me cuenten algo de su vida, de cuando eran niños y entonces aparece el brillo en los ojos, porque en esa época la armadura no estaba construida aún. Ese es el lugar desde el que hay que contar, esa es la energía que necesitamos para comunicar, nada más y nada menos.

Es verdad, yo que trabajo con niños y niñas puedo ver en ellos ese brillo en los ojos, que luego parece que perdemos poco a poco al ir creciendo.

Cuando vienen al curso “Érase tu vez” y tienen que contar su vida en clave de cuento, les cuesta usar ese lenguaje simbólico, el de los cuentos de hadas, lo han olvidado, pero se necesita bien poco para que lo recuerden, lo tenemos todos grabado en nuestra psique como un ADN primordial que nos protege y alimenta la fantasía. Por eso podemos vivir.

Esa es una gran noticia, Juan Pedro.

Me parece un gran logro el que vuelvan a respetar la fantasía como un lenguaje importante, que la metáfora es una forma de comunicarnos con lo más sublime del ser humano y que todos estamos en el mismo barco remando hacia una nada insondable.

Y a mí me parece un fantástico proyecto el que tienes entre manos, recuperar a la niña o al niño que un día fuimos, es una hermosa manera de poner una nota de belleza en este mundo loco en el que vivimos y dejar una bonita huella en él.

Muchísimas gracias!

 

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