Acariciar la realidad…

ACARICIAR LA REALIDAD…

A medida que van pasando los años soy más consciente de que son muchas las realidades a acariciar, realidades sobre una misma, sobre los otros, sobre la pareja o la amistad, en definitiva, realidades sobre la vida.  También sobre el trabajo, las expectativas, los sueños, las posibilidades y las limitaciones, las propias y las de los otros…Realidades sobre el camino andado y el que queda por andar, y por supuesto sobre los efectos del paso del tiempo… Acariciar también aquellas realidades que nos hablan sobre las pérdidas de aquellos a quienes no pudimos despedir, pero que llevamos en nuestro corazón, o de esas otras realidades, tan dolorosas o más que las anteriores, que nos hablan de otro tipo de pérdidas, las de esas personas a quienes amamos pero a las que no podemos abrazar, pues aunque están tan solo a unos pocos pasos, a fuego lento se creó la distancia de un abismo, entre ellas y nosotras, imposible de cruzar. Tal vez estas sean de las más difíciles de acariciar y las que más lo requieren…

No es fácil este reto y una parte de nosotras y nosotros se resiste a veces a ello pues, acariciar la realidad supone verla tal cual es, sin adornos, sin anestesia, en su crudeza, aceptando lo que hay tal cual y esto a veces es insoportable y por ello preferimos cerrar los ojos y dejarnos llevar por la imaginación y la fantasía, en un intento de impregnar de amabilidad nuestros dolores, y esto no está mal, es una opción, ya sabes, volar antes que poner los pies sobre la tierra. Se necesita cierta dosis de valentía y responsabilidad para aceptar lo que la vida nos trae, y aunque quedamos desnudas y frágiles ante la realidad, ganamos en autenticidad, y esto es muy gratificante pues nos hace conectar con la coherencia…

El otro día una amiga me decía: “Sí, la teoría está muy bien, pero ¿cómo hago para lidiar con el vacío o la rabia que siento ante determinadas situaciones?”  Yo no sé cómo, estoy en el mismo camino que tú, le dije, solo sé que nos guste o no, esto es lo que hay y ese es el gran trabajo a realizar, aceptar lo que sea que se haya presentado en nuestras vidas, lidiar con nuestras resistencias, con el rechazo, el dolor o la tristeza que nos produce determinada situación, para poder sentirnos en calma y asentir a ello, lo cual no significa que no tengamos cierto margen de maniobra para transformar algunas de estas realidades, de ahí la importancia de que pasemos a la acción. Sin embargo, hay situaciones que no las podemos cambiar y las tendremos mirándonos fijamente…

Todos en alguna medida estamos en el aprendizaje de la aceptación, desde mi punto de vista uno de los grandes retos del ser humano. Encuentra tu forma, la manera de hacer que aquello tan difícil se diluya y puedas acariciar esa realidad sintiendo calma y bienestar en la vida. Para cada persona es diferente y, por ejemplo ante la perdida de un ser querido o una ruptura, habrá quien recordar los momentos vividos le hará sentir bienestar y quien al hacerlo entrará en la tristeza o la rabia y tal vez, necesite otro tipo de ayuda para aceptar este hecho. El caso es que trabajes para encontrar tu manera de aceptar aquello que te duele y, si necesitas ayuda no dudes en pedirla e iniciar un proceso terapéutico que te permita avanzar en esto. En el fondo, todos tenemos muchas realidades que acariciar y la vida sigue…

Hay muchas personas que, con su actitud nos dan un ejemplo de coraje en esto de la aceptación, están cerca de ti, personas anónimas, de las que no salen en los libros ni en las pelis pero que cada día nos enseñan distintas maneras de aceptar… Inspírate en ellas!

La buena noticia es que, si estás dispuesta a ello, si estás preparada o preparado para mirar de frente y aceptar algunas de las realidades que te acompañan, vas a poder vivir una vida más auténtica y ello te conectará con tu poder personal, cuando tú misma dejas de engañarte, difícilmente permitirás que otras personas lo hagan, ¿de qué te sirve esto? ¿merece la pena? Pues esto, sencillamente, lo tienes que decidir tú...

Como dice una amiga mía: “¡Pues no hay que aceptar cosas en la vida, madre mía!”

Hasta la próxima!

 

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