Violencia Filio-Parental I

VIOLENCIA FILIO-PARENTAL I

La Violencia Filio-Parental hace referencia, según la Sociedad Española para el Estudio de la Violencia Filio-Parental (SEVIFIP), a aquellas conductas reiteradas de violencia física, psicológica (verbal o no verbal) o económica, a las y los progenitores, o a aquellas personas que ocupen su lugar. 

Según datos de la Fiscalía General del Estado, recogidos en un informe realizado por la Fundación Amigo, los expedientes abiertos a jóvenes por delitos de violencia Filio-Parental disminuyen por primera vez con respecto al año anterior, situándose en 4.355 los expedientes abiertos a menores por este tipo de delito. Aun así las cifras son alarmantes y se cree que tan sólo, entre el 10% y el 15% del total de casos reales son denunciados, por ser considerado por parte de los padres, un tema tabú y vivido como un fracaso personal que les conecta con un profundo sentimiento de vergüenza. Ello hace difícil que, como sociedad, podamos conocer cuáles son las verdaderas dimensiones del problema y, generar así los mecanismos necesarios para sensibilizarnos, tomar conciencia de que necesitamos un cambio de mirada, una transformación como sociedad en la manera de relacionarnos, en la forma de educar, en los valores que transmitimos porque, aunque no lo creas, el llamado “Síndrome del Emperador”, también conocido como “Síndrome del Niño Tirano”, es un asunto que nos toca a todos y todas y sobre el que se hace necesario una reflexión en profundidad.

¿Qué es lo que ocurre para que un niño o una niña, cuando llega a una edad determinada, llegue al extremo de comportarse con sus propios padres desde la violencia? ¿Qué estamos haciendo como sociedad para que este tipo de situaciones vayan en aumento?

Son varios los factores, las causas que influyen en la aparición de la Violencia Filio-Parental como fenómeno emergente, y a lo largo de diferentes entradas los iré abordando. Hoy quiero comenzar con uno de ellos, el cambio de modelo educativo de las últimas décadas y es que, adultos que han crecido en un modelo patriarcal, autoritario y rígido, en el que el espacio para el diálogo entre los padres e hijos era escaso e incluso nulo en muchas familias, en donde no se tenía en cuenta la opinión de los hijos y en donde la mirada del padre (también de la madre en algunas familias) bastaba para echarte a temblar, están educando en un modelo en el que la permisividad y la sobreprotección, se han convertido en las grandes protagonistas, de un polo nos hemos ido al otro…Ser permisivos no es el problema y proteger a los hijos tampoco, el problema surge cuando estas actitudes impiden que los hijos puedan comprender y experimentar que todo aquello que decimos o hacemos tiene unas consecuencias y que no siempre podemos tener aquello que deseamos, entonces sí aparece un problema, que adopta la forma de tiranía, impulsividad, baja tolerancia a la frustración, depresión, baja empatía, características comunes en los menores relacionados con la Violencia Filio-Parental. 

Pero los niños, las niñas aprenden, aprenden de los adultos, aprenden de nosotros y nosotras, aprenden por imitación y aprenden lo que les enseñamos, por eso sería interesante hacer una reflexión interna para ver qué podemos hacer cada uno de nosotros, cada una de nosotras para transformar esta realidad, cómo aprender a ofrecerles un modelo de relación personal mucho más sano y saludable, que seguro nos lo agradecerán…

Hasta la próxima semana. ¡Feliz día!

 

 

 

 

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