Cómo ser un buen modelo digital para los hijos.

CÓMO SER UN BUEN MODELO DIGITAL PARA LOS HIJOS.

 

Nuestro cerebro es listo, muy listo y como algunas de las tareas necesarias para nuestra supervivencia nos cuestan algo de esfuerzo, pongamos por caso cocinar si como yo eres un poco vaga para ello, lo que hace es liberar una serie de neurotransmisores para generar en ti, dopamina y que te sientas motivada para ponerte manos a la obra y, endorfinas para sentirte satisfecha al conseguir tu objetivo, preparar un deliciosa ensalada y unos montaditos, y no te vayas tú a pensar que una ensalada no tiene su técnica. Con un poco de suerte lo mismo te vuelves adicta a cocinar, y ya sabes, que si ahora unos spaguetti a la carbonara, que si luego un pescadito en hojaldre y ya está el lío armao, de tu casa a la final del Master Chef sólo hay un paso y digo de tu casa porque, para que nos vamos a engañar,  yo soy un caso perdido.

La cuestión es que leyendo un interesante artículo que me pasó mi buen amigo José Luís Castillo, me paré a pensar de qué manera la tecnología nos mantiene atados a un estilo de vida en el que sin darnos cuenta perdemos nuestro poder personal. Y como hacía tiempo que tenía ganas de escribir sobre sobre cómo influye todo esto en los niños y adolescentes aquí te dejo unas cuantas líneas para que puedas transformar algunas cosas en ti… Sí, has leído bien, la transformación debe partir de ti porque tú eres un modelo de referencia para tu hijo, para tu hija y aunque no te des cuenta te observa constantemente, eres su alimento emocional, actitudinal y comportamental, así es que, toma nota!

Del mismo modo que se genera adicción positiva en comportamientos que evolutivamente nos han permitido sobrevivir y reproducirnos, también se generan adicciones negativas hacia elementos o situaciones perjudiciales para nosotras y nosotros, por ejemplo hacia sustancias como las drogas (alcohol, tabaco…), emociones, personas, también hacia hábitos como el juego y, desde que estamos en la era digital, hacia la información, la tecnología y las redes sociales. Y es que, pertenecemos a una generación que esto de la era digital se nos ha quedado un poco grande y nos ha dado un zasca en toda la boca, tanto que aun nos tiene medio mareados, pues nuestro fantástico cerebro, que evolucionó en la Edad de Piedra, no está bien adaptado a la Era Digital  y de hecho, a nuestro cerebro triuno,  aún le cuesta integrar las distintas funciones de las que se ocupa cada una de las tres partes (el complejo-R, el sistema límbico y el neocórtex) que evolutivamente lo han ido conformando.

Será necesario que aprendamos a desarrollar una buena gestión emocional para evitar que determinadas aplicaciones tecnológicas nos tengan a su merced, puesto que apelando a esta relación de amor que se genera entre la dopamina y las endorfinas, todo un batallón de cerebritos explotan dos de nuestros instintos más básicos: la búsqueda de información y la necesidad de reconocimiento social, generando en nosotros una profunda desconexión a muchos niveles, desconexión con los otros, con la naturaleza, con uno mismo…

Evolutivamente el ser humano se ha caracterizado por un deseo, una curiosidad permanente de buscar información, de explorar, conocer o descubrir, algo que con Internet tenemos garantizado en un solo click. Lo interesante es que con la novedad nuestros niveles de dopamina aumentan y por consiguiente nuestra motivación también y esto está bien, sin embargo cuando la motivación es demasiado elevada e intensa nos convertimos en “yonquis” en busca de información. Las consecuencias  son muchas e importantes, pero aquí te dejo algunas:

  • Dispersión y superficialidad. Al igual que tú, tu hijo o hija, cuando se pone a “navegar” por la red para buscar información para un trabajo en la escuela o el instituto, es capaz de abrir varias decenas de ventanas en unos pocos minutos. ¿Crees que la lectura que ha hecho de la información ha sido en profundidad? Si lo crees solo tienes que fijarte en tu propia experiencia.
  • Pérdida de foco, de concentración de la tarea que se había propuesto.
  • Falta de atención y memoria, que se manifiesta en una bajada del rendimiento escolar pues, nuestro cerebro no está preparado para la multitarea y, la sobreestimulación les lleva a reducir su atención y tener una memoria de peor calidad, a ellos y a nosotros también.
  • Los mensajes, notificaciones, correos, sonidos, luces…Estímulos externos que le harán difícil acceder a la tranquilidad, la calma o experimentar el silencio, tan necesarios para conectar con su propio ritmo, con su corazón, sus necesidades, sensaciones.
  • Además, la sobreestimulación produce una baja tolerancia al aburrimiento, lo que le lleva a engancharse aún más al mundo virtual que es el que le proporciona tal cantidad ingente de estímulos y, a la frustración, prueba a limitar el tiempo de uso del móvil o de internet a tu hijo, a ver cómo se toma que le limites su chute de dopamina…

Si para nosotros los adultos esto ya es complicado, imagina para los niños y adolescentes, que no sólo están desarrollando estructuras básicas de su cerebro sino también, hábitos, actitudes, sensaciones, experiencias…

Pero además de búsqueda de información, hay otro instinto que trae de cabeza al ser humano y es la necesidad de reconocimiento social, algo que también nos viene de lejos pues, para el cerebro de nuestros antepasado, el rechazo social era interpretado como la muerte segura. Esta herencia ancestral nos hace muy sensibles a la crítica o los comentarios negativos de nuestro entorno, y lleva a nuestra amígdala a protegernos de este “peligro”, segregando una buena dosis de cortisol, la hormona del estrés, para que nos preparemos para luchar o huir. Tú eliges, pero sea como sea vas a estar de mala leche pues, si unimos esto a la importancia que las redes sociales tienen, o empezamos a desarrollar la no dependencia del reconocimiento social o vamos listos. Algunas de las consecuencias son:

  • Mostramos una imagen irreal, superficial de nosotros mismos, transformándonos en lo que los otros quieren ver para formar parte del grupo, para tener reconocimiento y que siempre pasa por ofrecer una versión de nosotros o nosotras más estereotipada y menos rica, con lo que en realidad hacemos un flaco favor a nuestro entorno.
  • Pérdida de energía vital pues, no permitirse expresar quien realmente uno es, cansa y cansa mucho, la incoherencia nos desgasta y eso pasa factura.
  • Desconexión con nuestra verdadera esencia, llegando con el tiempo a identificarnos con ese personaje que hemos creado para ser aceptados. El peaje: una sensación de vacío interno y de malestar que nos impide vivir nuestra vida con plenitud y coherencia.
  • Construímos un autoconcepto débil que necesita del feedback externo (número de likes, de seguidores, etc) para sobrevivir y que funciona como una droga virtual con importantes efectos en nuestra autoestima.
  • Nos conectamos con la energía del miedo, que nos cierra, que nos vuelve egoístas, inseguros y nos aleja del amor y la generosidad.
  • El enganche a lo virtual también reduce nuestro nivel de empatía hacia los otros, al no  tenerlos presentes nos resulta más fácil criticar, juzgar, insultar es decir, deshumanizar al otro, con las consecuencias que tiene esto, claro.

Y si a ti te resulta difícil desarrollar un autoconcepto que no dependa de la opinión de los demás, o que no necesite a toda costa formar “parte de”, imagínate para tu hijo o tu hija, que se encuentra en una etapa de su vida en la que los amigos y las amigas lo son todo.

La buena noticia, es que todo es educación, tan sólo tenemos que preguntarnos si lo que estamos haciendo hoy nos acerca a la vida que queremos tener para nosotros y nuestros hijos e hijas. Aquí tienes algunas ideas para llevar a cabo junto con ellos:

  1. Fortaleced vuestra atención, una habilidad tesoro que os permitirá estar presentes plenamente, conectar con aquello que estás haciendo o sintiendo, percibiendo y captando muchos más matices. Además la atención mejora la observación y la memoria y nos hace sentir que estamos vivos. Para entrenarla te recomiendo que:
    • Aprendas a meditar, y que lo practiques en familia, con tu hijo, con tu hija, pues de esta manera estás siendo un referente de buena práctica y nada mejor que el ejemplo para educar, ¿verdad?
    • Haced deporte o cualquier actividad física, corporal, pues el cuerpo es un buen anclaje para desarrollar la atención y la consciencia plena.
    • Conexión con la naturaleza, nada como un buen paseo junto a tu hijo por la montaña para despertar tus sentidos y cultivar la atención y, de paso vuestra vínculo se fortalecerá.
    • Modificad vuestro entorno, es decir, cuida de ti y si sabes que ciertos estímulos entorpecen tu atención, sé una persona previsora y evítalos. Por ejemplo, mantén el móvil fuera de tu alcance durante la comida o mientras estudias o trabajas, de este modo evitarás mirarlo. También puedes desactivar las notificaciones del e-mail o silenciar el móvil de manera que tú entras a verlos cuando tú decides y no cuando recibes el estímulo externo. Enseguida notarás grandes beneficios y, al verbalizarlos con tu hijo o hija estarás dándole una alternativa de modelo a seguir.
  2. Planificad vuestro día y para mejorar la productividad seguid el método Pomodoro, una técnica que os permitirá gestionar mejor el tiempo de trabajo e implicaros activamente en el desarrollo de la tarea a hacer, pues permite desarrollar el foco y la atención. La técnica Pomodoro consiste en establecer tiempos de 25 minutos de trabajo, seguidos de 5 minutos de descanso en los que, podéis hacer lo que os dé la gana, por ejemplo, mirar los mensajes del móvil, eso sí, a los 5 minutos de vuelta al tajo y a la faena, entiendes? Para ello
    • Elegid la tarea a realizar.
    • Poned el temporizador a 25 minutos.
    • Trabajad, pero en serio…
    • Descansad 5 minutos.
    • Iniciad otro pomodoro.

En definitiva, todo depende de nosotras y nosotros, y aquí viene el subidón de motivación: podemos elegir hacer un buen uso de la tecnología, podemos elegir la actitud queremos tener, qué conductas y qué tipo de relaciones, cómo queremos vivir. De nuestra elección obtendremos unos resultados y, poner conciencia en aquello que hacemos para generar las transformaciones necesarias nos proporcionará bienestar y felicidad y, este sí es el premio.

Que tengas una buena semana y, hasta la próxima!

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