Cuando Ítaca es mamá. La importancia de cambiar de perspectiva.

CUANDO ÍTACA ES MAMÁ. LA IMPORTANCIA DE CAMBIAR DE PERSPECTIVA.

 

Es evidente que en nuestro desarrollo emocional, la relación que establecemos con papá y mamá es muy importante, no solo en la primera y segunda infancia por ser edades de máxima fragilidad y vulnerabilidad, sino también durante la adolescencia y la juventud y, desde mi punto de vista, durante toda la vida. Desde que nacemos es a través de la relación con nuestros padres y de las experiencias que vivimos con ellos, como vamos construyendo nuestro autoconcepto y nuestra autoestima y a partir de esto, nuestra confianza y valía personal, el tipo de relaciones que establecemos con quienes nos rodean, la forma de abordar los retos que surgen en nuestro día a día, los límites que establecemos y muchas cosas más, en definitiva, nuestra manera de ser y estar en la vida.

Y sin desmerecer para nada la importancia que tiene el padre en la vida de una hija, lo cierto es que la dinámica que se genera entre la madre y su hija es peculiar, especial, singular, pues es a mamá a quien mirará para desplegar las distintas facetas de su desarrollo personal, ya sea como mujer, madre, amiga, amante o pareja, convirtiéndose así en el principal modelo de conducta de la niña. De ahí la importancia de que la madre pueda ampliar su consciencia y trabaje en su propio desarrollo, para establecer una conexión y un vínculo amoroso con su hija, que la nutra y la llene de confianza.

Sin embargo, cuando la madre por diversas circunstancias no es capaz de generar este vínculo y tomar plenamente a su hija, cuando experimenta dificultad en aceptarla y amarla tal y como es, las consecuencias pueden ser devastadoras para la niña, quien construirá una imagen distorsionada de sí misma y de lo que le rodea. En ocasiones, mientras la hija es pequeña y moldeable, la madre puede mostrarse amorosa, y ofrecerle su validación y apoyo en algunas situaciones, aunque no en otras, pero a medida que la niña crece y empieza a querer expresar su individualidad, desplegarse y expresar su propia voz, se inicia una dura etapa en la que la madre confluctuará con ella y evidenciará su dificultad para amarla, a través de comportamientos que irán desde el menosprecio hasta la crítica, la culpa y otros muchos que pondrán en jaque la valía y la autoestima de la adolescente, rompiendo definitivamente la corriente de ese amor nutritivo que la necesitará, para caminar con confianza por la vida, con las consecuencias que esto conllevará en el futuro. El paso de los años lleva algunas de estas madres a dulcificar su carácter, por las propias comprensiones que el transcurrir de la vida conlleva, sin embargo otras endurecen su corazón, agrandando su ego y aumentando su orgullo. Responden así al arquetipo de la madre destructiva y narcisista, capaces de causar un gran daño a quienes están a su alrededor y por supuesto, a la propia hija que se sentirá desorientada y debilitada.

Con frecuencia estas hijas se embarcan en un interminable viaje, un viaje que les permita comprender y obtener respuestas, un largo viaje en busca del amor y la aceptación que anhelan, alimentado por la fantasía de llegar a Ítaca y poder conectar con esa madre amorosa que está viva en su recuerdo, pero suele ocurrir que estas madres, como hijas, tampoco fueron tomadas por sus propias madres, y de ahí la dificultad que tienen para conectar con esta experiencia de amor incondicional de madre a hija. Ello impedirá que la fantasía de la niña pueda hacerse realidad y así, el viaje a Ítaca se se llenará de Lestrigones y Cíclopes y mantener el pensamiento elevado se convertirá en una tarea complicada, como también mantener el gozo y la alegría.

Como mujer adulta, es importante poder realizar un proceso terapéutico que permita, poco a poco tomar plenamente a la madre, es decir, aceptarla tal y como es, con sus luces y sobre todo, con sus sombras y darle un buen lugar en el corazón, un proceso nada fácil, desde luego. Conseguido esto será fundamental aprender a poner, con determinación, los límites necesarios en la relación con la madre, así como tomar la responsabilidad propia de cuidar y proteger a esa niña interna que fue herida y liberarla así de su fantasía, para dejar de buscar…Será el amor a una misma, este cambio de perspectiva, lo que permitirá crear esa capa de protección y cariño que hará que la niña pequeña y la adolescente puedan por fin descansar y de este modo, la adulta poder mirar su vida con fuerza…Y el viaje se volverá dulce y lleno de sentido, al comprender que Ítaca eres tú!

 

* Imagen de Ítaca: Andreu Barrantes Alpuente.
* Imagen del post: Tertia van Rensburg.

 

10 pensamientos en “Cuando Ítaca es mamá. La importancia de cambiar de perspectiva.”

  1. Montse, que texto mas bello y nutritivo.
    Que mejor forma de explicar la difícil relación entre padres e hijos, entre madre e hija, dándose cuenta, que a veces, es imposible obtener aquello que se demanda, si la otra parte no está dispuesta a darlo, no ve, o no quiere ver la necesidad del otro.
    Poder comprender, que el amor tiene otra faceta, la de poder amar aquello que no se ama; amarlo para conseguir de esta forma interiorizarlo, hacerlo propio, aceptarlo en definitiva. Un buen trabajo de meditación, ayuda a encontrar este espacio de comprensión y aceptación.
    Al final, como tu dices en el texto, dejar de buscar ya es una búsqueda misma. Porque quizá dejando de buscar, se encuentra aquello que uno desea, aquello que uno busca.
    Gracias por este magnifico texto.

    1. Muchísimas gracias, Rafa. El cambio de perspectiva nos lleva a un camino diferente y a una búsqueda distinta, la del amor propio, que no es poca cosa…Muchas gracias por tus comentarios y tu cariño!!!

  2. Montse aplaudo la capacidad que tienes de expresar con palabras las emociones.
    Como bien sabemos todas las mujeres que en algún momento hemos corrido con lobos, lo que nuestros padres no nos han sabido dar, nosotras lo encontramos en la vida.
    Además, afortunadamente, cada vez, somos más capaces de arroparnos entre nosotras y acompañarnos en ese viaje hacia Itaca que como bien dices somos nosotras mismas.
    Gracias por compartir.

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