La escuela, reflejo de una sociedad violenta.

La escuela, reflejo de una sociedad violenta.

Cuando era más joven soñaba con transformar el mundo, imaginaba un mundo más amable, más justo, en el que las personas pudieran desarrollarse a través de la cultura, el arte, un mundo más solidario, en el que las relaciones personales no estuvieran basadas en la desigualdad de poder…Era más joven y en consecuencia, era una persona utópica, con sueños utópicos, el caso es que movida por ello me convertí en maestra, y luego en pedagoga, convencida de que a través de la educación podía ser un agente de cambio personal y social. Pronto me dí cuenta de que esto iba a ser algo más complicado de lo que imaginaba, pero eso no me detuvo… Mi formación post-universitaria se orientó con los años hacia el ámbito de la terapia y el desarrollo personal, y con la misma ilusión que cuando empecé hace ya 22 años, aunque con los pies bastante más en la tierra, continúo trabajando con el objetivo que tenía cuando era bastante más joven, aunque con muchas más herramientas y un desarrollado sentido crítico hacia nuestro Sistema Educativo, centrado en valores que no defiendo porque contribuye a conformar un tipo de persona en la que no creo.

Foto de Andy Vu en Pexels

Y a lo largo de mi vida profesional, he tenido el placer de conocer y trabajar con compañeras y compañeros que del mismo modo que yo, entraron en la docencia movidos por estas mismas inquietudes, agentes de transformación personal y social, que a veces trabajan en la más absoluta soledad y otras tienen la oportunidad de unirse a otras, crear redes, sinergias colectivas…Como yo, son rebeldes que pese a las dificultades del camino siguen buscando la manera de construir personas y sociedades más humanas y a quienes respeto profundamente.

Es fácil redactar leyes y normativas que propongan metodologías activas y colaborativas, es fácil redactar legislación que promueva la atención personalizada, la inclusión, o el pensamiento crítico, es fácil decirle al profesorado que debe preparar a su alumnado mirando al futuro pero a la hora de la verdad, trasladar todo eso a la práctica exige de un compromiso que las autoridades competentes parecen no estar dispuestas a asumir…El caso es que cada día son más complejas las situaciones que vivimos en la escuela y, de todas ellas, el aumento de conflictos derivados de trastornos graves de conducta, puede que sea de los temas más relevantes a los que docentes de todas las etapas educativas tenemos que hacer frente, eso sí, sin recursos, lo que genera una gran preocupación y frustración entre el profesorado al no contar con las herramientas para afrontar estas situaciones tan complejas.

Hace poco Toni Solano, compañero al que admiro por la labor educativa que está desarrollando en el centro que dirige, publicó en Twitter un hilo a propósito de una reunión con inspección educativa, para abordar protocolos de convivencia con los que poder tratar los conflictos derivados de trastornos graves de conducta del alumnado. Cito textualmente algunas conclusiones que tomó y con las que estoy plenamente de acuerdo:

  • El crecimiento de los trastornos de conducta no ha llevado parejo un crecimiento de recursos humanos en los centros educativos, Servicios Sociales, Unidad de Salud Mental, etc.
  • Necesidad por parte del profesorado de formarse para ello.
  • Gran importancia del diagnóstico e intervención tempranas.
  • Importancia del apoyo emocional, tanto en el ámbito familiar como en el educativo, como medio que facilite la intervención.
  • Necesidad de que toda la comunidad educativa se implique en la intervención dentro del centro.
  • Cada caso es único y requiere de estrategias individualizadas.
  • No olvidar que detrás de cada caso hay un menor inocente.
  • La buena voluntad del profesorado NO es suficiente y no debe eximir a las Administraciones competentes de que aumente la dotación de personal especializado en los centros.

Y al leer estas conclusiones conecté con que hace mucho tiempo que tenía ganas de escribir acerca de este asunto en concreto, sobre qué está pasando que en los centros educativos cada día tenemos más casos de trastornos graves de conducta, cada vez más alumnado que presenta conductas agresivas, irrespetuosas, desmotivados..Y no solo en la etapa de secundaria, también en primaria. Conecté con reflexiones que me rondan desde hace mucho y quise compartirlas con él, pero como no me manejo en Twitter, decidí escribir en mi blog acerca de ello…

Encuentro que va a ser complicado dar con una buena solución a este tipo de conductas, pues son tan solo un reflejo de lo que los niños y adolescentes viven en la sociedad que les rodea, una sociedad altamente violenta que no tiene ningún reparo en exponer a la infancia y adolescencia a altas dosis de violencia, tanto explícita como también a esa otra que casi no se puede ver, esa que es invisible porque está tan normalizada que ni siquiera somos conscientes de ella.

El mundo adulto desborda agresividad, en los medios de comunicación, en el lenguaje que utilizan, las imágenes que proyectan y que escuchan y ven nuestros menores…

Violencia es la manera que nuestra clase política tiene de gestionar las situaciones. Es violencia sus normalizadas mentiras, su forma de desacreditar como herramienta para contra argumentar, algo que no pasa desapercibido para nuestros menores…Es violencia el no legislar para promover una verdadera conciliación familiar y que así los menores puedan pasar tiempo de calidad con sus progenitores, en lugar de asistir a la escuela en jornadas maratonianas, con el consiguiente desgaste que supone para ellos tanto a nivel físico como emocional…

Hay violencia en los propios hogares cuando se critica delante del menor al vecino de al lado, al padre o la madre del compañero de clase o cuando se menosprecia al recién llegado. Violencia cuando un progenitor utiliza a su propio hijo o hija para ponerlo en contra del otro, porque están inmersos en un proceso de separación o divorcio conflictivo y esta es la manera con la que vuelcan la rabia y el dolor que la ruptura les genera, sin comprender las consecuencias tan negativas que ello tendrá en la vida de sus hijos.

Violencia es el acceso a la pornografía que tienen los menores, la imagen que se ofrece en estos contextos sobre el hombre y la mujer como modelos a seguir. Violencia es la utilización que se hace de los niños y niñas en aquellos lugares en los que todavía existe explotación laboral infantil, y violencia es también que exista una normativa que no impida que se puedan comprar productos que han sido elaborados por ellos…¿Acaso creemos que esto pasa desapercibido en los menores de nuestros centros?

Existe violencia en los centros educativos, al no entender que de nada sirve enseñar matemáticas o lengua a un niño que está viviendo una complicada situación familiar. ¿Nos hemos parado a pensar qué es lo que enseñamos al menor, en relación a lo que de verdaderamente importa? ¿Qué aprende el niño o la niña cuando obviamos sus sentimientos, sus emociones, su mundo interno en pos de unas contenidos que hay que transmitir y evaluar en cada trimestre? Hay violencia en la escuela cuando se siguen empleando métodos de evaluación que no generan una construcción interna del niño, sino más bien le llevan a creer que su valía depende de esa nota que ha obtenido. Es violencia cuando existen docentes que creen que el niño “se porta mal”, porque lo que quiere fastidiar, en lugar de entender cómo se está configurando el cerebro de ese niño, o de esa niña para mostrar este tipo de conductas. Violencia también cuando esos docentes verbalizan en voz alta comentarios cargados de juicios sobre el niño…Y por supuesto, es violencia también no haber recibido en la universidad o por parte de las instituciones responsables, una profunda formación para que el profesorado pueda comprender las implicaciones de estas actitudes y así poder erradicarlas…

Podría seguir abordando otros tantos contextos en los que se deja un espacio a la violencia, pero no me quiero alargar…Solo quería compartir mis reflexiones acerca de por qué cada día tenemos más situaciones conflictivas que derivan de trastornos graves de conductas del alumnado, algo que simplemente es un reflejo del mundo adulto, de nuestra manera de relacionarnos y de nuestra falta de conciencia.

Estoy totalmente convencida de que la única opción que tenemos desde los centros educativos, si de verdad queremos encontrar una solución es reflexionar profundamente acerca de qué tipo de persona queremos formar, educar y desarrollar, conscientes de que ello conformará la sociedad del futuro. Debemos preguntarnos de qué manera poner fin a la violencia estructural que nos rodea y de la que todas las personas formamos parte de un modo u otro, cómo generar una sociedad más consciente, con mayor conciencia y responsabilidad del impacto que generan sus actos, sus palabras, sus decisiones… Son muchos los obstáculos que tenemos, también soy consciente de que una parte del profesorado no estará de acuerdo bajo el argumento de que nuestra función se reduce a transmitir conocimientos, pero para mi representa una mirada demasiado estrecha que no ha generado ni generará buenos resultados. Hace falta dar un paso adelante y apelar a este espíritu rebelde que nos haga tener una mirada más amplia, que nos permita encontrar otros caminos y sin duda alguna, desde mi humilde opinión, estos caminos pasan por poner el acento no tanto en los contenidos académicos y sí en el desarrollo personal sano de esos niños y niñas que un día no muy lejano se convertirán en personas adultas que conformarán la sociedad del futuro…

Hasta pronto!

2 pensamientos en “La escuela, reflejo de una sociedad violenta.”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *